El palacio del Buen Retiro y sus colecciones durante los reinados del Felipe V y Fernando VIde "villa de placer" a residencia oficial del monarca (1700-1759)

  1. SIMAL LOPEZ, MERCEDES
Dirigida por:
  1. Pilar Silva Maroto Director/a

Universidad de defensa: Universidad Complutense de Madrid

Fecha de defensa: 22 de enero de 2016

Tribunal:
  1. Jesús Cantera Montenegro Presidente/a
  2. Magdalena de Lapuerta Montoya Secretario/a
  3. Javier Portús Pérez Vocal
  4. Franca Varallo Vocal
  5. José Martínez Millán Vocal

Tipo: Tesis

Resumen

La tesis estudia los usos y funciones que tuvo el palacio del Buen Retiro durante los siglos XVII y XVIII y cuál fue el proceso de formación, disposición y dispersión de las colecciones de obras de arte que alhajaban sus estancias, en especial de las pinturas. Para llevarlo a cabo hemos creado un sólido corpus documental que nos ha permitido reconstruir los distintos inventarios de las obras de arte que decoraban el Retiro y también fechar las sucesivas marcas que fueron recibiendo sus pinturas. De este modo hemos podido individualizar los principales espacios del palacio, los programas decorativos que albergó y localizar buena parte de las obras de arte pertenecientes al Retiro. El amplio capítulo dedicado al siglo XVII, indispensable para poder comprender los usos del real sitio y verificar cuáles fueron los cambios que experimentó la colección a lo largo del siglo XVIII, ha permitido documentar cómo y cuándo se produjeron los encargos y adquisiciones destinados a alhajar el palacio. Tras la caída del conde-duque de Olivares en 1643 se cerró la época de mayor esplendor del Retiro, ya que a partir de entonces el palacio comenzó a ceder protagonismo frente a otros sitios reales. Con la llegada al trono de Felipe V se pusieron en marcha varios proyectos de ampliación y reforma que finalmente no se llevaron a cabo, lo que permitió que el Retiro continuara manteniendo la misma articulación y dimensión de sus interiores, frente a la renovación que trató de imponer Robert de Cotte. Respecto al estado de las colecciones, tras la guerra de Sucesión el palacio se enriqueció con numerosas obras procedentes de los bienes incautados a los principales nobles seguidores del Archiduque. La llegada a la corte de Isabel de Farnesio en 1715 supuso una definitiva sustitución del gusto francés por el italiano en lo tocante a los artistas y diseños pensados para la decoración de los interiores del palacio. El breve reinado de Luis I convirtió al Retiro en residencia oficial del monarca, si bien los escasos meses que ciñó la corona el joven soberano no permitieron que se realizaran intervenciones significativas. Hasta 1734 el Retiro continuó siendo un lugar de recreo para los soberanos, pero el incendio del Real Alcázar ese año lo convirtió en residencia oficial del monarca y obligó definitivamente a intervenir con decisión en el palacio para paliar el grave deterioro que sufría el edificio. Desde el punto de vista constructivo y decorativo, las reformas se realizaron de forma paulatina por cuartos y estuvieron dirigidas por Santiago Bonavia. Hemos podido identificar en qué consistieron, distinguiendo las que se llevaron a la práctica, frente a las que se quedaron en el papel, como sucedió en el caso del cuarto de los reyes. Asimismo, en relación a las colecciones del Retiro en esta época, tenemos constancia de numerosos traslados de pinturas rescatadas del Alcázar, con las que se compusieron decoraciones muy eclécticas, tal y como hemos podido comprobar en la única vista del interior del palacio que conocemos, obra de Antonio González Ruiz, y que localizamos en una colección privada italiana. El reinado de Fernando VI puso fin al profundo proyecto de reforma del palacio puesto en marcha por Felipe V y durante esta época tan solo se realizaron pequeñas intervenciones a la espera de que se concluyeran las obras del Palacio Real nuevo, salvo proyectos puntuales muy del gusto del soberano, como la construcción de una meridiana o el encargo de pinturas para el oratorio de los soberanos a Giaquinto. La llegada de Carlos III a España en 1759 convirtió definitivamente el Retiro en un gran almacén de obras de arte disponibles para cuando fueran necesarias en el Palacio Real nuevo, nueva residencia oficial del monarca. La situación continuó durante el reinado de Carlos IV. Y tras la Guerra de Independencia el Retiro quedó prácticamente destruido, dispersándose definitivamente sus colecciones.